El instante en que comprendí que yo también era parte de la manada

  • 29 diciembre, 2018

(#HistoriasNevado – 25-12-2018) El 24 de diciembre a eso de las 9:30 de la mañana unos vecinos se acercaron a mi casa para buscar a Junior, uno de mis perros en adopción, lo vieron y les agradó su forma de ser. Junior es un cachorro mestizo pleno de energía que vive agradeciéndole a la vida haber sido rescatado. Juega con los gatos y con los otros perros de la casa. Uno de sus compañeros de juego es Juancito, un poodle, ya no tan cachorro, que lo sigue a todas partes y que fue el último en ser rescatado.

Nunca me imaginé lo que ocurriría cuando se llevaran a Junior, fue como si la casa se hubiera aislado del mundo, no se escuchaba sonido alguno y los ojos y el ánimo de Juancito se apagaron entrando en una honda tristeza.

Las horas transcurrían y la ausencia de Junior se hacía más notoria y conmovedora. Vivía en carne propia el dolor de una decisión que no había tenido en cuenta al resto de la manada, y en ese instante comprendí que yo también era parte de la manada.

Estaba solo con mis animales de compañía, otros tres perros y dos gatos y a eso de las 7 de la noche veo a uno de los gatos, el “Mono”, rasgar con las uñas el portón de metal que da a la calle, abrí la puerta y como un huracán entró Junior saltando y corriendo al rededor de Juancito y de Brandito, otro de los perros. Todo volvía a la vida.

Subimos a la terraza y escuché a varios vecinos llamando a Junior, pues creían que se había extraviado. Les dije que había vuelto a casa y que me comprometía en contactarlos con la Misión Nevado para que pudieran darle un hogar a otro de los tantos animales rescatados por los compañeros y compañeras de esa institución.

La manada había vuelto a estar junta y esa noche buena la alegría en los ojos de Juancito fue el regalo más hermoso que pudiera haber recibido. Fue una noche buena de Amor Infinito.

La manada había vuelto a estar junta